¿Te habías planteado alguna vez por qué tus hijos/as no paran de bostezar a la hora de hacer los deberes? ¿o por qué no pueden parar justo después de merendar? La ciencia nos invita a revisar el combustible que le estamos dando a sus neuronas para responder a estas y otras preguntas
Arranca un nuevo curso. Preparamos mochilas, forramos libros y estrenamos agenda con la ilusión de darles a nuestros hijos e hijas todas las herramientas para que aprendan y rindan al máximo. Sin embargo, en medio de esa lista de preparativos, a menudo pasamos por alto la herramienta más determinante para su concentración, su memoria y su estado de ánimo: lo que comen.
Si alguna vez has notado que, a media mañana o a la hora de sentarse a estudiar, a tu peque le cuesta horrores mantener la atención o, por el contrario, parece tener un motor acelerado imposible de apagar, no es casualidad. La relación entre el rendimiento escolar y la alimentación es directa. Por eso, elegir el combustible correcto es vital para que su cerebro funcione exactamente como debe.
El azúcar: el gran enemigo de la concentración
Para entender cómo funciona el cerebro infantil en el aula, primero hay que ponerle nombre al mayor “ladrón de energía” que se esconde en las mochilas: los picos de glucosa.
Cuando un niño merienda en el recreo un zumo envasado, unas galletas industriales o un batido de chocolate, está ingiriendo una cantidad enorme de azúcares libres y harinas refinadas. Al carecer de fibra, ese azúcar entra de golpe y sin frenos en su torrente sanguíneo.
¿Y qué ocurre entonces en su cuerpo? Exactamente esto:
- Hiperactividad temporal (un subidón): El cerebro recibe un torrente de energía repentina. En el aula, esto se traduce en nerviosismo, impulsividad, incapacidad para quedarse sentados y falta de atención sostenida.
- Colapso (bajón): Ante este descontrol, el cuerpo reacciona liberando insulina de forma masiva para retirar ese azúcar de la sangre lo más rápido posible. En apenas una hora, los niveles de energía caen en picado.
- Fatiga: Al final, aparece la fatiga, el letargo, la irritabilidad y esa “niebla mental” que les impide procesar lo que se les está explicando en la pizarra.
¿La solución?
El cerebro consume aproximadamente el 20% de la energía de nuestro cuerpo, y su alimento exclusivo es la glucosa. Pero atención: no la necesita de golpe, sino a través de un goteo constante, lento y estable.
Aquí es donde entra en juego el superpoder de la comida real y los carbohidratos complejos. Al ir de la mano de su fibra natural, el cuerpo tarda más en digerirlos, liberando la energía poquito a poco y manteniendo el cerebro alerta y en calma durante horas.
En Canarias tenemos la inmensa suerte de contar con ingredientes locales de kilómetro 0 que funcionan como auténticas “baterías de larga duración”:
- El gofio: Nuestro superalimento por excelencia. Libera energía de forma sostenida. Es el aliado perfecto para aguantar toda la mañana a tope.
- La batata: Dulce de forma natural y repleta de fibra y vitamina A. Es un recurso increíble (¡y riquísimo!) para que consuman carbohidratos de altísima calidad sin recurrir a pastas refinadas.
- Fruta entera (plátanos, uvas, higos, papayas): A diferencia de los zumos, donde exprimimos el azúcar y tiramos la fibra, comerse la fruta a mordiscos asegura que el azúcar natural se absorba lentamente, aportando además vitaminas vitales para la memoria.
- Las almendras: Ricas en grasas saludables (Omega 3 y 6).
La misión de Ecocomedores
En la red de Ecocomedores de Canarias, esta base científica se sienta a la mesa cada día. Por eso, nuestros menús están diseñados no solo para nutrir cuerpos en pleno crecimiento, sino para favorecer el aprendizaje.
Cuando garantizamos un primer plato a base de verduras frescas de temporada, legumbres locales y proteínas de calidad, nos aseguramos de que, al volver a sus pupitres, los niveles de azúcar en sangre de los escolares estén totalmente estables. El resultado directo es un ambiente en el aula mucho más sereno, con alumnos más receptivos y con un estado de ánimo equilibrado.
3 cambios en la fiambrera para el recreo
Evitar la “montaña rusa” del azúcar en el colegio es mucho más fácil de lo que parece. Mientras preparas su mochila para este nuevo curso, aplica estos tres cambios rápidos:
- Cambia el brick de zumo por una cantimplora de acero con agua fresca y una buena pieza de fruta entera.
- Sustituye las galletas de paquete por un puñadito de frutos secos (siempre que la edad del peque permita consumirlos de forma segura).
- Cambia el pan de molde blanco por un buen pan integral o de masa madre de tu panadería local de confianza, acompañado de aceite de oliva, queso tierno…
Porque alimentar su cerebro con comida real y de nuestra tierra es, sin ninguna duda, la inversión escolar más importante que vas a hacer este curso.




You must be logged in to post a comment.